El 7% técnico: cuando una PTAR de lodos activados no es optimizable
J. Jesús Castillo Monroy
1/2/2026
En la mayoría de los diagnósticos operativos hay una pregunta implícita que casi nadie formula en voz alta: ¿realmente esta planta todavía se puede mejorar?
La pregunta no es si se puede “intentar algo más”, “mover otra variable” o “corregir una mala práctica operativa”, es si existe margen real para que el sistema responda. Esto ocurre porque muchas PTAR no operan mal, operan exactamente hasta donde su diseño se los permite.
La ilusión de la optimización infinita
En la práctica diaria, optimizar se ha vuelto sinónimo de ajustes operativos. Se ajusta la aireación de la zona aerobia, la recirculación interna, el retorno de lodos activados o hasta la purga de lodo activado. Se ajustan los setpoints que afectan de manera significativa el sistema, y cuando eso no funciona, se modifica marginalmente una variable estructural del sistema y se vuelve a ajustar todo.
El problema es que los sistemas biológicos no responden a la insistencia, responden a la estructura que los contiene y cuando el diseño llega a su límite, ningún ajuste fino va a producir un cambio significativo.
El 7% técnico no es una cifra exacta, es una idea operativa que representa el margen real de mejora que puede lograrse sin modificar el diseño del sistema. Es lo que se puede ganar con criterio, no con obra, sin ampliar volúmenes, sin cambiar procesos o sin alterar la configuración hidráulica. Si una PTAR necesita mejorar 30 o 40% para cumplir, el problema ya no es operativo, es estructural.
¿Qué es el “7% técnico”?
Hay un punto en el que la cinética manda más que la intención, más que la experiencia y mucho más que el optimismo.
Si el volumen de nitrificación es corto, la biología no acelera porque se lo pidamos.
Si el SRT está rígido, no se flexibiliza con discursos.
Si la hidráulica está al límite, no perdona.
El diseño no negocia, solo ejecuta lo que permite su geometría.
Cuando el diseño manda
Existe una expectativa muy común en proyectos de operación: el especialista llega y “soluciona” la planta, casi como si hubiera una combinación secreta de variables que nadie ha probado.
En realidad, la mayoría de las plantas ya han pasado por múltiples manos de personal altamente capacitado, desde operadores, ingenieros de proceso, proveedores y auditores, sin embargo, cuando todos los ajustes razonables ya se hicieron y la calidad no cambia, el sistema está hablando, la pregunta es: ¿estamos escuchando?
Optimizar no cambia la base del sistema
Hay patrones que se repiten una y otra vez en plantas “difíciles”, no son fallas puntuales, son síntomas estructurales. Algunos ejemplos de estas fallas estructurales pueden ser el amonio persistentemente alto, aun después de ajustes razonables de oxígeno.
Otro caso es el SRT que no permite mover purga sin colapsar la biomasa o incluso los clarificadores trabajando al límite donde cualquier mejora en biología se pierde hidráulicamente. En estos casos, la optimización deja de ser efectiva.
Señales de que una PTAR no es optimizable
Uno de los errores más costosos es no saber cuándo detenerse, seguir intentando optimizar una planta que da lo que puede dar. Lo anterior genera ciclos interminables de ajustes menores, cambios que consumen tiempo, energía y credibilidad. Y al final, la calidad sigue prácticamente igual. Aceptar que una planta no es optimizable no es rendirse, es dejar que el criterio técnico empiece a trabajar.
La trampa del “todavía se puede”
Decir que una PTAR no es optimizable suele ser incómodo, es el mensaje que nadie quiere escuchar. Sin embargo, muchas veces es el adecuado porque permite cambiar la conversación, pasar de ajustes marginales a decisiones estructurales que lleven a rediseño, ampliación, cambio de proceso o redefinición de expectativas.
Un buen diagnóstico define límites, cuando se entiende que el margen real es del 7%, se pueden tomar decisiones informadas. Si eso alcanza, perfecto, el proyecto tiene margen de acción, si no alcanza, insistir es solo prolongar una limitación del sistema.
Optimizar también es saber decir “no”
El tema no es que una planta no sea optimizable, eso es una condición técnica. El problema es vender optimización donde no existe margen de acción y generar expectativas que el sistema no puede cumplir. En este punto es donde se pierde dinero, tiempo y confianza.
El problema de fondo
Optimizar no es mover variables hasta que algo cambie, es entender cuándo ya no va a cambiar. El 7% técnico no es una limitación, es una referencia de precisión operativa. El valor de la ingeniería no está en prometer más, está en saber hasta dónde se puede llegar.
El alcance real de la optimización
